césped verde

Tengo frente a mi a un hombre que dice ser mi padre biológico. Su pelo es rubio, sus ojos cargados de lágrimas son color azul claro. Su manos están temblando, su voz también. Lo miro confundida, pues no nos parecemos en nada. Sigo escuchándolo hablar. Su historia tiene sentido pero pienso en el hombre que me crío, en el hombre al que le dije papá durante toda mi vida. Seguramente no me diría la verdad aunque la supiera. 
Mi nuevo padre es gentil, me pide permiso para tomar mi mano derecha y se disculpa por no haber sabido esto antes. Por no haberme imaginado, por no haber estado para mí. Pienso que si nada de esto fuera real, por qué habría de perturbar mi tranquilidad. Por qué alguien vendría a darme semejante baldazo de agua helada si no fuera real. 
Me promete que nunca me hará falta. Le creo. Algo en su forma de hablar me dice que debo creerle, o por lo menos intentarlo. 
Me pide que salgamos al patio de la casa donde estamos. En el césped verde me muestra una moto y me pasa un casco. Me lo pongo y me invita a manejar. Sonrio.
Mi nuevo padre, me dibuja caminos en el césped para que recorra con la moto. Tomo el primero. Me despierto.