Mi nuevo padre es gentil, me pide permiso para tomar mi mano derecha y se disculpa por no haber sabido esto antes. Por no haberme imaginado, por no haber estado para mí. Pienso que si nada de esto fuera real, por qué habría de perturbar mi tranquilidad. Por qué alguien vendría a darme semejante baldazo de agua helada si no fuera real.
Me promete que nunca me hará falta. Le creo. Algo en su forma de hablar me dice que debo creerle, o por lo menos intentarlo.
Me pide que salgamos al patio de la casa donde estamos. En el césped verde me muestra una moto y me pasa un casco. Me lo pongo y me invita a manejar. Sonrio.
Mi nuevo padre, me dibuja caminos en el césped para que recorra con la moto. Tomo el primero. Me despierto.
