anómalo

Estoy en mi cama, reclinada sobre muchas almohadas y tengo al bebé durmiendo encima. Respiro profundo y siento su pecho inflarse para luego largar el aire. Nuestra respiración está sincronizada. Lo abrazo entredormida. 
Es el momento en el que me siento más segura, con él dormido encima. Su cabeza queda a la altura de mi mentón y el esfuerzo que requiere oler su pelo es mínimo, lo huelo tanto como se puede. Abro y cierro los ojos. Quiero quedarme así un rato más. 

El pasillo que conecta los espacios íntimos con los comunes tiene la puerta abierta. La habitación en la que estamos también, y por allí entra una luz tenue que apenas alcanza a rozar las paredes.

Abro los ojos y trato de enfocar la mirada, por los cambios de luz noto que algo se acerca. 
Cuando mis ojos se acostumbran al espacio, veo posado en el umbral de la puerta a un gato. Está sentado de frente al cuarto. Parte de su cuerpo se ve oscuro. Abre y cierra sus ojos. Mueve la cola. Me despierto. 

piojos

Estoy sentada en un living antiguo, tengo una falda a cuadros y manicure recién hecha. Siento que el look que tengo es elegante e impecable. Escucho murmullo de gente que habla pero no logro entender la conversación, tampoco me interesa. En el lugar donde estoy hay más personas pero ninguna tiene rostro, es todo relleno. Estiro las manos hacia mi cabeza y me saco un piojo que reviento entre las uñas. Suena una explosión diminuta cuando ejerzo fuerza entre los pulgares. Vuelvo a estirar la mano y tomo otro piojo de mi cabeza. La misma acción se repite hasta que escucho un timbre. Me despierto. 

césped verde

Tengo frente a mi a un hombre que dice ser mi padre biológico. Su pelo es rubio, sus ojos cargados de lágrimas son color azul claro. Su manos están temblando, su voz también. Lo miro confundida, pues no nos parecemos en nada. Sigo escuchándolo hablar. Su historia tiene sentido pero pienso en el hombre que me crío, en el hombre al que le dije papá durante toda mi vida. Seguramente no me diría la verdad aunque la supiera. 
Mi nuevo padre es gentil, me pide permiso para tomar mi mano derecha y se disculpa por no haber sabido esto antes. Por no haberme imaginado, por no haber estado para mí. Pienso que si nada de esto fuera real, por qué habría de perturbar mi tranquilidad. Por qué alguien vendría a darme semejante baldazo de agua helada si no fuera real. 
Me promete que nunca me hará falta. Le creo. Algo en su forma de hablar me dice que debo creerle, o por lo menos intentarlo. 
Me pide que salgamos al patio de la casa donde estamos. En el césped verde me muestra una moto y me pasa un casco. Me lo pongo y me invita a manejar. Sonrio.
Mi nuevo padre, me dibuja caminos en el césped para que recorra con la moto. Tomo el primero. Me despierto.