anómalo

Estoy en mi cama, reclinada sobre muchas almohadas y tengo al bebé durmiendo encima. Respiro profundo y siento su pecho inflarse para luego largar el aire. Nuestra respiración está sincronizada. Lo abrazo entredormida. 
Es el momento en el que me siento más segura, con él dormido encima. Su cabeza queda a la altura de mi mentón y el esfuerzo que requiere oler su pelo es mínimo, lo huelo tanto como se puede. Abro y cierro los ojos. Quiero quedarme así un rato más. 

El pasillo que conecta los espacios íntimos con los comunes tiene la puerta abierta. La habitación en la que estamos también, y por allí entra una luz tenue que apenas alcanza a rozar las paredes.

Abro los ojos y trato de enfocar la mirada, por los cambios de luz noto que algo se acerca. 
Cuando mis ojos se acostumbran al espacio, veo posado en el umbral de la puerta a un gato. Está sentado de frente al cuarto. Parte de su cuerpo se ve oscuro. Abre y cierra sus ojos. Mueve la cola. Me despierto.