pantera

Abro la puerta del ascensor. Las dimensiones son reducidas, entran dos personas que se invaden mutuamente los espacios personales, o tres rozando los brazos. El ascensor tiene espejos en 3 caras, dos enfrentadas que causan ese efecto de infinito. Doy un paso hacia ese espacio que ahora se elonga y da lugar a una pantera negra que entra inmediatamente después de mi.
El animal y yo estamos en calma, convivimos en armonía los segundos que compartimos. Es una pantera potente y mansa. Su pelo es brillante, sedoso, magnético. 
Llego a mi piso y cuando salgo, la pantera me sigue. La miro de reojo. Cuando estoy abriendo la puerta del departamento, me doy cuenta que está a mis espaldas y desconfío. Qué quiere? 
Entro a mi departamento en un movimiento rapido y cuando quiero cerrar, me lo impide con el ocico. No quiero que entre y hago fuerzas para cerrar la puerta. Logro cerrar a pesar de que solo en sueños podría superar la fuerza de semejante animal. 
Echo un ojo por la mirilla y ahí sigue. Con su mansedumbre, caminando de un lado a otro. Con la cola mueve las hojas de la planta que está en el palier.
Abro un centímetro la puerta y entra. Siento el peligro y salgo del departamento. La dejo sola atrapada. Me despierto. 

peceras

El espacio es oscuro y húmedo, las paredes son verduscas, resbaladizas; estoy segura de encontrarme en una cueva submarina aunque nunca haya estado una en la vida real. Camino por sus recovecos llenos de charcos y lo que parecieran ser peceras naturales. Mis pasos hacen eco. Veo gente a lo lejos, detrás de rejas cerradas por llaves. Los conozco? Tal vez no, sin embargo me detengo a ver una mujer con un vestido rojo brillante. Quiero pasar del otro lado pero algo/alguien me lo impide. Me escapo. 
Llego a otro recovecos. Ante mis ojos, una pecera natural con agua turbia y poca iluminación. Dentro de esta pecera hay un hombre, no reconozco su cara, no conozco muchos hombres rubios en la vida que vivo con los ojos abiertos; seguro es alguien que construyó mi inconsciente. Este hombre se mueve en el agua turbia, se despereza, gira sobre su propio eje, es uno con el agua; sus movimientos son ligeros, fluidos, delicados. Los observo detenidamente y el agua, que antes era turbia, ahora brilla. Me despierto. 

escurridizo

Tengo a mi bebé en brazos, estoy alimentándolo con mamadera. Nos miramos a los ojos, como siempre que lo alimento. Nos regalamos miradas y sonrisas. Nos acompañamos. Nos tenemos el uno al otro y eso es motivo de felicidad. Habitamos la ternura. 

De un momento a otro, mi bebé se escurre entre mis brazos; adopta forma líquida, cristalina, inasible. Me pongo en estado de alerta y miro mis manos que se cierran sin nada adentro, mi falda vacía. Bajo la mirada inmediatamente a mis pies. Ahí lo veo, en el suelo, cómodo y divertido, con su forma original sonriendo jocoso. Me despierto.