pantera

Abro la puerta del ascensor. Las dimensiones son reducidas, entran dos personas que se invaden mutuamente los espacios personales, o tres rozando los brazos. El ascensor tiene espejos en 3 caras, dos enfrentadas que causan ese efecto de infinito. Doy un paso hacia ese espacio que ahora se elonga y da lugar a una pantera negra que entra inmediatamente después de mi.
El animal y yo estamos en calma, convivimos en armonía los segundos que compartimos. Es una pantera potente y mansa. Su pelo es brillante, sedoso, magnético. 
Llego a mi piso y cuando salgo, la pantera me sigue. La miro de reojo. Cuando estoy abriendo la puerta del departamento, me doy cuenta que está a mis espaldas y desconfío. Qué quiere? 
Entro a mi departamento en un movimiento rapido y cuando quiero cerrar, me lo impide con el ocico. No quiero que entre y hago fuerzas para cerrar la puerta. Logro cerrar a pesar de que solo en sueños podría superar la fuerza de semejante animal. 
Echo un ojo por la mirilla y ahí sigue. Con su mansedumbre, caminando de un lado a otro. Con la cola mueve las hojas de la planta que está en el palier.
Abro un centímetro la puerta y entra. Siento el peligro y salgo del departamento. La dejo sola atrapada. Me despierto.