Veo a dos hombres en el medio de la calle que nos señalan. Dos hombres robustos, sólidos. Desafiando la lógica, nos persiguen a pie dando patadas a las ruedas de la moto. Siento el primer sacudón. Trato de pedir ayuda pero mi grito es mudo. Nos siguen corriendo y siento el segundo sacudón. Pierdo el equilibrio y siento la caída. Ahora todo pasa en cámara lenta, hasta tocar el asfalto. Me despierto.
grito mudo
Voy en moto por una avenida ancha. No distingo si amanece o cae el sol por la tarde. Estoy en el asiento de atrás, cómoda, alegre. Viajo abrazada a un hombre que me es familiar, su espalda es tan ancha que no entra en mis brazos. Tengo mucho cariño pero él a pesar de no estar segura de quién es. Las luces de la calle tienen un toque especial, algo así como poético. El rosa y azul del cielo se enriedan. El clima es agradable, lo sé porque llevo prendas livianas. El viento me despeina. A veces me gusta abrir las manos para que el viento pase entre mis dedos. Toda la escena es placentera hasta que deja de serlo.
