Mi abuela se acerca a acariciar mi cara, la miro desde abajo porque estoy reclinada en ese sillón que nunca había visto en mi vida pero el tapizado no me es ajeno. Tenía puesto un saco beige, suéter rojo y collar de perlas. Llevaba sus rulos peinados y detrás del labial rojo, me sonreía. Sostenía a mi bebé en brazos y llenándolo de besos me decía "es hermoso y vos también estás hermosa, te felicito y te quiero mucho". Su voz dulce, cómo la extraño. Nos agarramos de la mano y trepé hasta darle un abrazo fuerte. Me brotaron lágrimas de los ojos y me desperté llorando por lo mucho que extraño su afecto y lo agradecida que estoy por su visita.
Apenas entiendo que estoy de este lado, veo que mi bebé sigue durmiendo en la cuna. Observo como su pecho se infla al respirar y suspiro tranquila. Aprovecho el momento de calma para mandarle un mensaje a mi papá y le cuento que soñé con su mamá. Me cuenta que él también soñó con ella. Le pregunto qué soñó, me responde que solo recuerda que ella y mi abuelo le llenaban la cara de besos.
